DIOS MIO, POR FIIIIIINNNN !

domingo, 20 de abril de 2008

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Lo que son las cosas.

Me he tirado una buena temporada con ganas de un libro que fuese Space Ópera pura y dura, algo ligerito que me hiciera pasar un buén rato con los topicazos más añejos de la ciencia-ficción, y en el camino (atestado, como es típico en mi, de inmuerables saltos de la CF a la Fan, de la Fan al terror, e incluso con incursiones -ya comentadas, por cierto- por el género negro) he pasado por intentos fallidos como Médula o Pensad en Flebas que me hicieron dudar seriamente de que llegaría a leerme algún día una obra así. Y eso que, según me cuentan, no escasean. El problema, para no variar, era mi innata incapacidad de fijar un "rumbo fijo" en el orden no ya de lectura de la phila, sino, al menos de los géneros que tengo en cola de lectura.
O dicho en román paladino: normalmente siempre estoy leyendo algún libro, y como todo el mundo, me fijo la previsión de lecturas para cuando termine el que tengo entre manos. Bueno pues conmigo que eso funcione es como pedirle al Atleti que sea un equipo previsible. Logré (a duras penas, lo reconozco) cumplir el objetivo de leer mis regalos navideños y de Reyes, me enfrasqué luego en "La estación de la Calle Perdido" (excepcionalmente bueno, aunque aún no lo he terminado) y me dije que tenía que leer algo de fantasía (concretamente elegí la saga completa de Añoranzas y Pesares) al tiempo que seguiría buscando, por si alguna vez daba con algo que mereciera la pena, algún libro o saga de la CF más pura y típica que encontrase, vamos, Space Ópera como ya he dicho.
Naturalmente no he cumplido la hoja de ruta. Y bendito sea mi anarquismo literario porque de pura chamba llegó a mis manos el primer libro de la señora Harrington. Y cómo he disfrutado oiga.
EX-CEP-CIO-NAL.
Como digo en el título de esta entrada: Por fin!
Por fin dí con un libro de Space Ópera que no solo me da lo que yo le pedía de antemano al libro sino que mis expectativas me las ha devuelto cubiertas (sobrecubiertas, diría yo) en una relación de uno a cien.
En la Estación Basilisco es un libro con el que estoy ya en deuda para siempre. Qué bueno. Desde La caída de Hyperión no me he sentido tan atraído por un libro como con éste. En toda mi vida (y lamentablemente tengo ya unos taquitos) sólo ha habido tres libros que me hayan enganchado tan fuertemente que apenas haya podido dejar de leerlos. Uno me atacó hace muchos años, siendo yo un imberbe estudiante del antiguo bachillerato y se trataba de La larga marcha de Stephen King, el otro ha sido el ya citado La caída de Hyperión, y el tercero, éste: En la Estación Basilisco.
Lleno de acción, una fabulosa puesta en escena, un control de los personajes buenísimo, un dominio de los tiempos sorprendente, un guión muy bien desarrollado donde nada sobra ni se cuenta a destiempo (ni demasiado pronto), donde todo va encajando con la precisión de un reloj suizo...
En definitiva es un libro de aventuras, ligero, sin más pretensiones que entretener y al que no cuesta encajarle situaciones y/o elementos típicos porque NO rehuye de ellos. Y eso es una virtud absoluta, muy de agradecer. No me parece que el libro busque la excelencia literaria (si la entendemos como riqueza linguística y pureza gramatical), pero es que es de una solvencia abrumadora, un libro honesto como pocos, a caballo entre las novelas de batallas marítimas y la ciencia-ficción. Hace lo que tiene que hacer y lo hace muy bien. Nos cuenta lo que nos tiene que contar y nos lo cuenta muy bien. Entretiene, gusta, por momentos (muy álgidos, por cierto) te tensiona del todo. Incluso te hace dudar que, típica como es la novela, le queden páginas para un fínal también típico.
En definitiva, un enoooooorme acierto el haberlo leído y una satisfacción total y completa.
Y además, qué carajo, estoy sufriendo el síntoma característico de cuando uno lee un libro que le ha llegado hondo (como me pasó cuando terminé La caída de Hyperion): la perspectiva de leer cualquier otro libro ahora se me está antojando hasta molesta. Ahora mismo, en estos precisos momentos, dudo mucho que ningún libro me pueda gustar porque no creo que puedan igualar a lo que me ha dado En la Estación Basilisco. Supongo que tendré que esperar unos día a que se me pase el efecto porque sino...
¡¡ Hoy me siento Flex!!

Q.C. PASSED

domingo, 23 de marzo de 2008

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Y con nota oiga.
Qué buena novela la de Fco. Glez. Ledesma. Qué evasión tan placentera a los oscuros callejones de la novela negra. Qué venganzas, que ambiente, qué personajes tan marcados, tan de novela negra. Y con esos finales que... en fin, no estoy por spoilear así que hasta aquí puedo leer.
De este libro (naturalmente hablo de "Una novela de barrio") no creo que hable mal mucha gente.
Durante más de un pasaje me recordó bastante a la, en mi opinión, sobrevalorada "La sombra del viento" pero para mi gusto "Una novela de barrio" tiene un puntito de ortodoxia (magistral, por cierto) que la hace superior. Siempre he dicho que a mi, además de lo que un libro me cuenta, me influye muy especialmente el cómo me lo cuenta. Esta diferencia marca en mí la línea imaginaria que separa lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo execelente. González Ledesma, a caballo quizás entre la ironía e irreverencia de Arturo-Pérez Reverte y la distancia y el desdén del desaparecido Manuel Vázquez Montalbán va ofreciendo todos los elementos que se le exigen a una novela del género para después, además, dosificar el punto que la hace mejor primero y excelente después.
La verdad es que Ledesma (y sobre todo mi madre, que para eso me regaló el libro) me recuerdan que no sólo de Sci-Fi y Fantasía vive el hombre (el friki igual sí, pero es que no estoy yo muy cómodo con eso de adjetivarme de tal guisa), que en otros territorios que de lejos intuimos páramos también hay jardines como los de Suldrun.
Cuando polemizo con alguien sobre la añeja etiqueta que tanto las obras como, sobre todo, los lectores de la tríada apestada (léase Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) llevamos en todo lo alto, al final suelo terminar diciendo lo mismo: con independencia del género lo bueno, gusta. Y "Una novela de Barrio" es una gran novela.
Gracias mami.

Y VAN...

sábado, 8 de marzo de 2008

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Ahora que había conseguido algo de tiempo y coincidiendo, además, con la rendición final de los Cuentos de Terramar, tenía pensado actualizar el blog (que falta le hacía ya, pardiez) y contaros mis impresiones de la última obra de Francisco González Ledesma, pero justo antes de irnos a casita a comer, en vez de las delicias culinarias de cada uno nos hemos tenido que comer este sapo.
Lo malo es que, serenado el espíritu, cuando el intelecto retoma el control de nuestras personas, no nos queda otra que reconocer que es una más. Y van...
Con cada muerto vuelve el mismo debate: que si pena de muerte, que si alimañas sin corazón, que si están en las últimas, que si..., que si..., que si...
Yo estoy harto. Harto y cansado. Harto de boquear lamentos e imprecaciones, harto de imaginar el atisbo de infierno que le queda a la familia, harto de llorar el llanto de niños que pierden a sus padres para siempre, harto de que se me encoja el corazón y el pecho me apriete con el terrible peso de la irreversibilidad del espanto asesino, harto de la impiedad y la deshumanización, harto, harto, harto, harto. Hasta la saciedad estoy harto del dolor.
Y también, quizás debería decir "sobre todo", cansado. Cansado de nuestros políticos irresponsables, mediocres e indignos de la nación que los elije porque en la mayoría de los casos es que no hay otros. Cansado de los mismos discursos estúpidos, vacuos y sin la menor credibilidad. Cansado e indignado con la tranquila lejanía desde la que se negocia políticamente con el dolor y el horror de otros, siempre de otros, mientras cuidan de no salirse de la foto de lo políticamente correcto. Cansado de los vascos, las vascas, las nafarroas, las ikurriñas, los gudaris, los alberdi eguna y toda la parafernalia nacionalista. Agotado. Hasta los cojones.
Quizá sea cierto, como me dijeron en una conversación hace ya un tiempo, que lo fácil es ser pesimista y dejarse arrastrar por la desesperanza, quizás sea verdad que nuestra fuerza, la de los que creemos en el respeto a los demás (y no digamos ya en el respeto a la vida) sea la perseverancia ante el terror, la permanencia impasible ante la ofensa nauseabunda, la certeza absoluta de nuestra superioridad ética, inquebrantables ante el enemigo que solo tiene el recurso a la fuerza. No sé. Igual.
Pero igual no. Porque el problema para mi no es ETA, o mejor dicho, no es solo ETA. Y para muestra un botón, bueno, o muchos botones, tantos como para zurzirlos en sotana cardenalicia y aún sobrarían. Cada atentado, cada crimen, deja un reguero de solemnes declaraciones y reacciones intachablemente solidarias y democráticas. Pero no hacen falta muchos días para que todo vuelva a la "normalidad". Con el muerto de turno enterrado, fuera ya del prime-time televisivo nuestros probos representantes políticos, prohombres donde los haya, vuelven a estar en su salsa, que es el fango de la desverguenza y de la inmoralidad.
Porque analicemos. Mis compañeros y colegas del partido socialista (del que ya he dicho en alguna ocasión que soy militante) viven sumidos en las fiebres democráticas del buen rollito y la foto correcta. Nada de tensiones, y si hay que pactar se pacta aunque sea con el susum corda que para eso somos, como buenos pesoeistas, los más guays. Nada de tensiones ¿eh?. Al PNV como el pulpo: ni tocarlo, que además, sería criminalizarlos y eso suena a ofensa gruesa y desmedida viniendo un pesoeista de rancio abolengo.
Lo de los populares es lo de siempre: o sus cojones por delante o somos todos antipatriotas y vamos directos al desastre, que para salvar patrias (españolas o, llegado el caso, vascas) ya están ellos que de eso saben un rato. Y es que lo que han hecho con el tema del terrorismo no tiene nombre. Ni nombre ni límites. Aunque ellos, por supuesto, ya se sabe: sostenella y no enmendalla.
¿Y mis amigos nacionalistas? Je, je. Con estos se rompió el molde. De los anteriores podemos decir que o son tontos del culo y la rosa o son cuadrados cuan desfile marcial. Pero los nacionalistas están lejísimos de tener un pelo de tonto, lejísimos, a años-luz oiga. Y de cuadriculados nada, son artistas del malabarismo y la tragicomedia que tan pronto pactan con los eternamente acomplejados del psoe como con los megamaxifascistas represores del pp. Y por supuesto, como buenos vascos, comprensivos con estos traviesos muchachines de ETA, pactan con Herri Batasuna (o con el nombre que le toque esta vez) lo que haga falta.
Y ahora veamos la otra parte del pastel, la del día después. O mejor, la del mes después o del año después. ¿Y que vemos? Que el pp sigue diciendo que o su política antiterrorista o se traiciona a los muertos, que el psoe pone las dos mejillas (y no pone más porque no tiene) para aguantar los ostiones y escupitajos nacionalistas, que a los asesinos les sale rentabilísimo matar en nombre de Euskadi (o de lo que sea, que a fin de cuentas para ellos lo importante es seguir matando y mantener su status de camorra napolitana, da igual en nombre de qué), que el gobierno vasco del PNV le sigue alquilando al submundo abertzale un resistente paraguas moral (y financiero, dicho sea de paso) que les ampare del ataque de "los otros" (léase "los españoles") y que mientras tanto, olvidadas e injuriadas, las familias de los muertos velan fosas cada año en el día de los difuntos, llorando en medio del desconsuelo del que se sabe solo y abandonado. Y ojo al dato señora, que en todo este tema el precio de las muertes no lo paga la democracia, ni el estado de derecho, ni España, ni la convivencia ni ninguna otra de las demás mingadas que les da por decir a los políticos de turno. El precio de todo este gigantesco pasteleo lo pagan los muertos, los que jamás tendrán ni una sola oportunidad de seguir adelante, los que ejecutaron sin decir esta boca es mía y lo pagan también sus familiares, que los pierden para siempre.
En fin, ya les dije: harto y cansado. Por el camino que vamos, digan lo que digan nuestros indignos e irresponsables políticos, jamás ganaremos esta lucha. Que pena tan grande, que desoladora tristeza.
D.E.P. compañero Isaías, algún día alguien tendrá que reivindicar para vosotros el infinito valor de los hombres y mujeres que vivís y afrontáis el infierno de la infamia y la extorsión en un país donde ni hay libertad de expresión ni se le espera y donde el valor de la vida se mide en escaños o en referendums de autodeterminación.

AY, AY, AY

viernes, 18 de enero de 2008

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Hay amores que matan. Eso se sabe desde que el mundo es mundo, y en mi caso, el de cierto colega literario de gustos y tendencias con un cierto tufillo a friki (aunque ni a él ni a mi nos gusta el término) gustos que lamentablemente solemos compartir ya no es que me mate, es que es para matarlo.

Viene esto a que tan tranquilo estaba yo con mis Cuentos de Terramar, y con la expectativa de Una novela de Barrio y sus refrescantes aires de novela negra cuando el susodicho va y me dice que vea en nuestra tienda favorita una de las últimas novedades editoriales. Ved, ved, pinchen y vean.

Ya en tiempos, allá por los albures de la TerBad, mi muy estimado, apreciado y valorado Tizarum (Ángel para los no amigos) en una de sus proverbiales frases dilapidarias, con gesto solemne, mirada al infinito y dedo inquisidor me soltó algo así como que hasta que no leyese Los Desposeídos no sabría lo que es la buena ciencia-ficción (lo cual, dicho recién leídas las extraordinarias e insuperables Hyperion y La Caída de Hyperion, no es poco sentenciar).

Y claro, yo que me he tirado meses (y en esas aún estaba) detrás de algún ejemplar de Los desposeídos que estuviera durmiendo el sueño de los justos en algún lugar de alguna desvencijada y polvorienta estantería de las hermosas librerías del casco antiguo de mi aún más antigua y más hermosa Badajoz, empeñado en una búsqueda con más penas que alegrías (aunque alguna hubo), la noticia me superó. Del todo.

En esta situación, con tantos planes rotos, rehechos y vueltos a romper, no queda sino agachar la cabeza y reconocer mi poquedad. Estoy vencido por esta magna escritora.
Lo curioso del caso es que todo esto es muy reciente (hablo por mi, claro; la Gran Dama lleva décadas hechizando con su talento). Todo empezó cuando hace ya taitantos meses el maléfico Corwin nos trajo a los tertulianos del grupito de la TerBad el relato de una tal Ursula ká no-se-qué, que a la sazón se intitulaba Los que se alejan de Omelas. El relato se las trae, y me impactó de tal forma que no he sido capaz, desde entonces, de abstraerme a las delicias de su pluma. . Los distintos libros que forman Las Historias de Terramar supusieron una vuelta de tuerca, un giro en el estilo que pasó de la impiedad, el desgarro y el bofetón moral del relato de Omelas al embeleso, la hermosura, la inteligencia, la sobriedad y, sobre todo, la elegancia de la mejor fantasía que recuerdo haber leído en toda mi vida (y algo he leído ¿eh?). Los Cuentos de Terramar confirman y mejoran lo dicho sobre el mundo creado por Úrsula K. LeGuin, muy lejos de otras franquicias del género (algunas de indudable valor y otras no tanto).

Ahora se reeditan, en un solo tomo, tres de las mejores obras de la LeGuin ofreciéndonos por el irrisorio precio de unos 25 euros más de ochocientas páginas de literatura de gran calidad, incluida la descatalogada Los desposeídos, con lo que pueden ustedes figurarse, y se figuran bien, que un servidor ya tiene desempolvada la billetera porque este libro, esta pequeña biblia, formará sí o sí, parte de mi biblioteca engrandeciéndola a ella y a mi mismo.
Sin embargo no traicionaré a Francisco González Ledesma ni, sobre todo, a mi madre, que fué la que convenció a Baltasar (desde siempre mi rey mago favorito) para que me regalase Una novela de Barrio y no creo que para esta ocasión necesite hacer acopio de uñas para írmelas mordiendo mientras espero porque con este libro más que impaciencia tengo sensación de una firme serenidad, la tranquilidad del que sabe que tiene en casa una botella de vino de una añada extraordinaria que requiere de una ocasión especial. De modo que esta vez no habrá ruptura de planes. El paraíso me espera y no pienso entrar corriendo jadeante por sus puertas de mármol.

Es de mala educación. Disfruten señores, que la vida pasa.

¡¡ADIOS 2007, ADIOS!!

sábado, 12 de enero de 2008

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Bueeeeeenooo, finalmente creo que hemos sobrevivido. La tarea no ha sido facil, pero aqui estamos, con una Navidad menos (o más, según se haga la cuenta) en nuestras vidas, otro año al zurrón y otra visita real que además de ilusiones y emociones deja un considerable vacío en las carteras de nuestros conciudadanos en general y de los que somos padres en particular. Como el final de año no ha sido precisamente bueno, me he encargado de que al menos los reyes fueran benevolentes con este servidor de ustedes, quienes quieran que sean ustedes, así que aquí ando ahora rumiando el botín literario que me han dejado los seguidores de la estrella de Belén. Es difícil destacar alguno porque la verdad es que todos me gustan pero quizás destaque tres y no necesariamente por este orden: La Estación de la Calle Perdido, Los Cuentos de Terramar y Una novela de Barrio.
Me hago cargo de que este último entra con calzador en un blog de literatura de fantasía y cf, pero como he dicho ya en otras ocasiones, muy por encima de catalogarme como lector de género, me tengo por un lector normalito al que, sencillamente, le gusta lo bueno.
Y Una Novela de Barrio tiene muy buena pinta. A mi buen colega Tizarum (que se empeña en llamarse Ángel, cosas de friki) le he copiado vilmente y por toda la cara la costumbre suya de la "cata" de libros. Tampoco me voy a poner a explicar en qué consiste la "cata" de libros (cosa que, por otro lado, cualquier cerebro que aglutine más de dos neuronas pensantes es capaz de intuir al menos), pero sí dejaré dicho que Una Novela de Barrio tiene una de las mejores catas que he probado en los últimos... no sé, digamos 10 años. Ya os contaré.
De momento, desearos a los que tenéis valor, paciencia o vete a saber qué, para leer estos post, por encima de todo un año de salud y felicidad. Todo lo demás es secundario y, permitidme la expresión, no vale una mierda.

PENSAD EN FLEBAS

lunes, 17 de diciembre de 2007

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Tenía ganas de Ciencia-Ficción y me puse a pensar en Flebas. Y... bueno, creo que me ha vuelto a pasar. A veces ocurre que empiezas un libro pensando que va a ser algo que luego resulta que no es, y el resultado inmediato suele ser una cierta decepción. Pues con esas me he quedado respecto de la obra de Banks.
Debo reconocer que con la CF tengo una relación extraña. La mayoría de los borregos con los que acostumbramos a compartir nuestras vidas están tan estereotipados que cuando oyen hablar de CF rápidamente enfilan sus neuronas (algunas de ellas aún pensantes) a los sables-láser, naves espaciales de combate o marcianitos de orejas puntiagudas, dedos que se iluminan y antenas con ojos de rana al final. Lo de siempre. Ninguno ha oido hablar de La mujer del viajero en el tiempo o de Muero por dentro, por poner sólo dos ejemplos. Esos libros forman parte indiscutible de mi once ideal, son del tipo de libros que te llenan de profundas satisfacciones mientras los lees, te emocionan, te sumergen en historias hermosas o trágicas que vives y sufres junto con los personajes. Grandes libros. Digamos que la CF de corte humanista (aún ando detrás del escurridizo "Los Desposeídos") ha sido para mi uno de los grandes descubrimientos y no me ha decepcionado ni una sola de las obras que he leído.
Sin embargo, cuando resulta que lo que busco es "lo típico" de la CF, es decir: guerras estelares, sables-laser, etc, etc., y salvando la espectacular excepción de Hyperion y La caída de Hyperion, a día de hoy todavía no he tenido suerte.
Supongo que tendré que redefinir el concepto que tengo de Space-Opera y hacerlo más abarcable a otras situaciones o entornos distintos de los combates estelares, pero el caso es que siempre me hablaron de Pensad en Flebas como un libro referente de la Space-Opera de modo que allá que me fuí. Bueno pues (como diría Don Antonio, que ya es mucho parafrasear) vuelvo ligero de equipaje. Me temo que la aventura me ha aportado poco de lo que yo esperaba. Digamos que la cuestión crucial sobre la que pivota mi humilde desencanto es que yo buscaba una historia en la que la guerra espacial fuese el centro y Pensad en Flebas me ha dado en cambio una historia (una gran historia, de hecho) en la que la guerra NO es el centro sino el entorno. Pensad en Flebas cuenta una historia que se desenvuelve en un entorno en el que la guerra es el telón de fondo, pero no la protagonista. Y ahí supongo yo que está el quid de la cuestión. Yo quería a la guerra de protagonista, al estilo de las franquicias de Warcraft o Starcraft (que menuda maravilla planificaron los guionistas de sendas aventuras). Esto no es nuevo tampoco, me ocurrió también con Médula, de Robert Reed. Sin embargo, y no es por ofender, no me parecen (aún con desencanto incluído) ni siquiera comparables las obras de Reed y Banks.
De todas formas, también estas experiencias son en el fondo positivas. No dejan de formar parte de la magia de leer. Son el reverso inseparable de la moneda que representa la ilusión de vivir otro libro y otro, y otro, y otro. Los libros, a cambio, solo te piden que estés dispuesto a aportar el mínimo de imaginación o voluntad necesarios para hacer tuyos los personajes y las situaciones que va a contarte. Aún así puede no agradarte pero si en el fondo del desencanto eres capaz de ver que el libro ha sido honesto contigo, no queda sino darle las gracias por el esfuerzo y seguir.
Y termino: gracias por el intento Flebas y ahora, con tu permiso, tomaré el tren que para en la estación de la calle perdido. Ya os contaré.
Disfrutad de estas fiestas, pensad en lo que realmente son y predicad con el ejemplo.
Nos leemos.

LUZ ENTRE TINIEBLAS

jueves, 29 de noviembre de 2007

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Se sale un poco del tema que abandera el blog, lo sé, lo sé, pero es que es una auténtica perla que encontré en otro blog donde hay discusiones ciertamente interesantes. Para cualquiera que sea padre o tenga un mínimo de interés por los problemas de la educación infantil esto es una Biblia en todos los sentidos. Sin más comentarios. Tomen nota nuestros también dignísimos políticos. Ea, que no se diga que no creo yo en jueces ejemplares como este. Lo malo es lo poco abundante que son :P

Ah, por cierto, hoy mismo se ha publicado en la prensa la expulsión de la carrera judicial de una tipa que, huy mire usted que mala pata, se le pasó ordenar la excarcelación de unos ciudadanos a los que previamente ella misma ya había absuelto. Pero bueno, el despistillo traicionero no fué para tanto porque esos vilipendiados ciudadanos solo tuvieron que pasar unos pocos cientos de días en prisión (alrededor de 400 días, que tiene miga la cosa) sin motivo ni condena y no nos vamos a poner ahora melindrosos con el calendario ¿eh, señoría? que tampoco nos vamos a escandalizar porque haya inocentes en las cárceles ¿eh, señoría?. Algo habrían hecho esos canallas... y si no, pues se le echa la culpa a otros (o al estres judicial, que es muy socorrido para estas cosas) y hala, hala, unas palmaditas en la espalda, un losientodetodocorazón y venga hombre, pelillos a la mar, que a fin de cuentas habrá hecho usted buenos amigos en el talego y además, qué coño, le hemos dado de comer gratis y todo. Si es que se me quejan ustedes por todo.. hala, hala, vaya usted con Dios y hasta luego Lucas que si te he visto no me acuerdo.
De modo que (por fin) ya tengo noticia de alguna sanción a algún juez. Lo que pasa es que esto, que en principio debería ser motivo de satisfacción, se torna (otra vez) en desilusión y desengaño.
Yo es que, perdónenme ustedes, soy muy dado a comparar ciertas cosas y ciertos comportamiento. Hummm, hagamos un juego de agudeza imaginativa. A ver, primero imaginen ustedes a un tal Juanito, probo asalariado mileurista (si tiene suerte) que en un día particularmente aciago de ideas le da por secuestrar a su jefe, patrón, confesor y amo absoluto, origen de todos sus males. Asi que se lo lleva a su casa, le encierra con llave y le deja allí un año. Eso sí, con la nevera llena y la casa en perfecto estado de revista.
Imaginen ahora la otra estampa, que no es otra que mi amiga la jueza sufriendo el quisquilloso despiste por culpa del cual una persona se tira más de 400 días en chirona sin tener porqué estar allí.
A mi primo Juanito un juez le enchufará, como mínimo, una condena de entre cinco y ocho años de prisión (Artículos 163 y demás del Código Penal) y esto sin considerar otras cuestiones técnicas más farragosas y difíciles de explicar en poco espacio como que si fuese funcionario le caería también una condena añadida de inhabilitación absoluta por tiempo de entre cinco y ocho años. Ustedes quédense con el dato. Paquete mínimo: cuatro años de talego.
Por el contrario, a la jueza despistada, otro juez (cómo no) le ha impuesto la espantosa condena de... perder su empleo. Eso de pasar por la cárcel a la que mandó y retuvo en ella a inocentes... no, no, anda ya, tampoco hay que llegar a eso. Esas penas se dejan para los que no son jueces. A los jueces, como mucho se les echa de la profesión. Esta ejemplar cumplidora y celosa defensora de los desprotegidos está sujeta a un reproche jurídico infinitamente menor que cualquier otro ciudadano. Mañana mismo podrá ir con total tranquilidad al super y pasado ponerse a buscar otro trabajo como si nada. Con un par. Hay que ver lo que tienen que hacer los pobres jueces para conseguir que les echen. Con lo fácil que es que te manden a la puta calle en cualquier Carrefour de pacotilla sin tener que secuestrar a nadie.
Qué quieren que les diga. Yo es que con esto no puedo, qué le voy a hacer.